Un malo amarillo

10 05 2009
Para malo, yo mismo

Para malo, yo mismo

¡Qué malvado soy!
¡Qué malvado soy!

Alguien que prefiere permanecer en el anonimato ha remitido el perfil de un malo, malo de verdad. El que esperaba hacía tiempo. Uno que deja en mantillas a Mussolini y a Fernando VII. Un tipo capaz de apagar el sol: Charles Montgomerry “Monty” Burns. 

La familia de Burns tiene una rica y extensa historia arraigada en los Estados Unidos. Su tátara abuelo, Franklin Jefferson Burns, participó en el Motín del Te de Boston, en 1773, y su madre de más de 120 años, con quien mantiene una forzada relación en la actualidad, tuvo una aventura amorosa con el vigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos, William H. Taft (1857-1930)

De bebé, Burns ya mostraba aptitudes de niño rico mimado y caprichoso y despidió a su niñera. Durante su infancia vivió en una pequeña casa de madera con sus padres biológicos que le apodaron “Feliz”, debido al carácter y ambiente en el que se crió. Pronto un día se le presentó la oportunidad de vivir con un retorcido y cruel multimillonario y el pequeño Monty no dudó en abandonar a sus padres. En seguida le introdujeron en el negocio familiar: tenían una factoría donde se encargaban de machacar átomos y esto, al parecer, le aseguró su futuro. En éste ambiente, Burns se crió consentidamente, luciendo peinados de chica, maltratando a la gente o burlándose de los inmigrantes (Esta parte de su biografía está inspirada en la de Kane, de la película de Orson Welles Ciudadano Kane)

Burns-Kane

Burns-Kane

Más tarde, el señor Burns se matriculó en la universidad de Yale, dónde estudió administración de empresas, jugó en el equipo local de fútbol, seguía abusando de los más desafortunados y fue introducido a la sociedad secreta de Skull and Bones. Burns se graduó en Yale en el año 1914. Parece ser que consiguió un puesto importante en el comité de la Universidad de Springfield, ya que fue él quién influyó para que dejaran entrar a Homer Simpson a estudiar, cuando se descubrió que era peligrosamente ignorante en su trabajo en la central.

En 1939, a la vigésimo quinta reunión de antiguos alumnos de la universidad, Burns conoció a Lily Bancroft de 21 años. Se la llevó al cine a ver Lo que el viento se llevó y al museo Peabody, donde dieron rienda suelta a su atracción. De esta relación nació el único hijo de Montgomery, Larry, que enseguida fue dado en adopción y su madre ingresada en un convento de los mares del Sur. Otro amor de su juventud pareció ser una tal Gertrude. Se comprometieron pero no se casaron ya que ella murió de soledad y rabia. En algún momento también mantuvo una relación con la condesa Von Zeppelin.

Burns sirvió a la armada de EEUU durante la Segunda Guerra Mundial. Pertenecía al batallón espringfildiano del Flying Hellfish, dónde entró en acción en las Ardenas, en su batalla homónima, bajo las órdenes del sargento Abraham Simpson. Durante los últimos años del conflicto, cuando su pelotón se encargaba de registrar un castillo alemán, el señor Burns se encontró con varios cuadros de incalculable valor. Como no pudieron decidir quién se podía quedar los retratos, los miembros del escuadrón pactaron que el último en morir se los podría quedar. Burns fue excluído del acuerdo al ser deshonorablemente degradado al frustrar el intento de Abe Simpsons de matar a Hitler. Posiblemente, Burns junto a Abraham Simpson sirvieron en el Pacífico Sur. 

Los Springfield Flying Hellfish

Los Springfield Flying Hellfish

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el señor Burns fue contratado personalmente por el presidente Harry S. Truman para transportar un billete especial de un trillón de dólares a Europa, como contribución a la reconstrucción del continente. Por ser el hombre más rico de los Estados Unidos, pensaron que el señor Burns sería el más fiable para esta labor, aunque casi todo el mundo tenía una razón u otra para odiarlo. Burns huyó con el billete y lo mantuvo en su propiedad por muchos años hasta que Fidel Castro lo robó en el episodio The Trouble with Trillions.

A continuación, durante la década de los 60, Burns se involucró en la investigación de armas químicas en unos laboratorios que fueron destruídos por unos activistas de la paz liderados por Mona Simpson. A partir de entonces, Montgomery Burns se dedicó por completo a la construcción y gestión de la central 

Utiliza la mayor parte de su tiempo libre en actividades tales como criar pájaros de carroña en su aviario o entrenar sus perros guardianes y, sobre todo, mantener reuniones políticas con organizaciones o personas republicanas y conservadoras. Pasa la mayor parte de su tiempo libre solo en su mansión con la única compañía que le pueda brindar su empleado Smithers (algo más que un admirador secreto). Cada viernes tiene que seguir un tratamiento para prolongar su vida, una semana más, en manos del doctor Nick Riviera. A veces, Burns se sumerge en negocios mayores o empresas míticas, ya sean abrir casinos o fábricas de reciclado como cazar el monstruo del lago Ness u organizando una cacería de humanos.

Burns menosprecia las clases más pobres, aunque piensa que la esencia de las relaciones sociales se encuentra en las clases proletarias, con las que ocasionalmente se ha intentado mezclar sin éxito o aceptación. También se le ha visto acudir a la iglesia. Generalmente, sus acciones van orientadas a realizar acciones genuinamente malvadas, ya que carece totalmente del sentido del bien y el mal. De todas maneras, cuando se ha visto forzado a realizar buenas acciones, sus estándares no han casado nunca con las expectaciones de las personas u organizaciones a las que van dirigidas. También se ha revelado como un amante intermitente, aunque su concepto de amor se fundamenta más en su fortuna, poder y el miedo a estar solo más que en sus sentimientos más incondicionales. 

Su aspecto físico es el de un anciano decrépito y encorvado. Como marcas de su vejez, su cuerpo está lleno de manchas y arrugas, su escaso pelo es canoso y su calva luce tres verrugas, que parecen ser las señas de identidad de la familia Burns. Tiene la frente ancha y le cae sobre los ojos, una nariz aguileña y la mandíbula superior prominente, cosa que le da su aspecto de infeliz, tacaño y avaro. Siempre frunce el ceño y está tan poco acostumbrado a sonreír que se le cortan los labios cada vez que lo intenta. Acostumbra a frotarse las manos para ensalzar su avaricia y dar la impresión que siempre está tramando algo malo. Suele vestir un caro traje verde, una camisa blanca, una corbata rosácea y unos mocasines negros, aunque se sabe que el resto de su vestuario está hecho de animales muertos o sus pieles.       

Una de sus características físicas, derivadas de su vejez, es su exagerada y creciente debilidad. Con el paso del tiempo, Burns se ha vuelto más débil y vulnerable, lo que le ha convertido completamente dependiente, por eso precisa de la asistencia de Smithers, cuyo padre también había estado a su servicio, provocándole la muerte debido a su ineptitud. Su salud tanto física como mental también está amenazada por su edad. Padece de todas las enfermedades existentes más otras tantas endémicas en él, pero mientras estén equilibradas en su organismo no le afectarán negativamente. Está acostumbrado a evadir la muerte gracias a un tratamiento que prolonga su longevidad o explicaciones inverosímiles. También suele sufrir de achaques típicos de la edad, como amnesia selectiva o un extraño Alzheimer que lo ha anclado en épocas anteriores, impidiendo que memorice dato alguno de la historia contemporánea (algo parecido a un alumno de bachillerato).     

  Pedazo de mala persona.

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El “turista” Himmler

7 05 2009

En días (semanas) pasados, José Cea colgó su malo favorito,  Himmler, y eso me ha hecho recordar algo que había leído tiempo atrás sobre el Reichsführer en España. Los nazis estaban obsesionados con la superioridad de la raza aria y se empeñaron en la busqueda de sus raíces por todo el mundo, ese afán trajo a Himmler a España en 1940.

El "turista" alemán

El "turista" alemán

Francisco Gracia, historiador de la Universidad de Barcelona, ha puesto al descubierto las estrechas y profundas relaciones entre la arqueología española y la Ahnenerbe, un tema del que nada se sabía y que pone los pelos de punta. Hay que recordar que la actividad de Das Ahnenerbe, además de la insensata expedición al Tíbet de Ernst Schäfer, y la búsqueda majareta de objetos legendarios como el martillo de Thor o el Grial, condujo a pragmáticos saqueos de museos y colecciones y al frío asesinato de judíos y prisioneros de guerra para estudiar sus esqueletos.

Uno de mis periodistas favoritos, Jacinto Antón, dedicó un artículo en el diario El País a este estudio de Francisco Gracia y aquí os lo dejo para que le echéis un vistazo. Para completar esta historia también va aquí un artícuo de Higinio Polo, centrado en el viaje a España de Heinrich Himmler. Ánimo, que leer no mata, eso lo hace el tabaco.

Himmler buscó la raza aria en España

Un turista alemán

 





Puchuncavi y nuestro blog

1 05 2009

En días pasados hemos visto las consecuencias de expresar la opinión públicamente: el post de Elena Visone García de Sola ha sido visitado y replicado por una seguidora de Pinochet; es la gran ventaja de Internet, nuestra voz trasciende cualquier frontera.

ÉL

ÉL

El mensaje de nuestra visitante me ha hecho pensar y me ha movido a investigar qué es ese lugar que menciona en su comentario: Puchuncavi. Mi sorpresa ha sido mayúscula al ver qué es o era ese lugar. Incluyo aquí un enlace a una página que encontraréis bastante esclarecedora sobre la realidad de Puchuncavi

Puchuncavi y los desaparecidos